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Descripción

Propósito que transforma: liderazgo posibilista

La educación siempre vive “en crisis” porque la vida es cambio; la tarea del directivo no es esperar estabilidad, sino hacer que ocurra lo mejor con una mentalidad posibilista, enamorada del propósito por encima de cualquier metodología.

1) Contexto: después de sostener a todos, ¿quién sostiene al que sostiene?

Durante la pandemia y su resaca emocional, muchos equipos directivos “aguantaron” por familias, docentes y estudiantes; cuando bajó el voltaje, aparecieron ansiedad, depresión y estrés en niveles inusuales, junto a somatizaciones (bruxismo, insomnio, fatiga). Dormimos peor por el enganche a pantallas: con menos de 5 horas de sueño se retiene 10× menos información y se multiplican los reprocesos al día siguiente. La soledad “en la cima” agranda los problemas cotidianos hasta convertirlos en montañas.

Diagnóstico breve: cuando el líder está exhausto, se instala el rincón de la queja, que es contagioso y frena la innovación—mientras otros ya pivotan currículo, tecnología y socioemocional.

2) Del rincón de la queja al mindset posibilista

Quejarse alivia… y deja todo igual: desplaza la responsabilidad al gobierno, a Internet o a la demografía, evitando confrontar habilidades por adquirir.

El mundo premia al que pivota. Hay equipos trabajando en silencio para salir con soluciones nuevas el próximo curso, mientras otros siguen preguntando “quién es el cliente” o si “ya no hay niños”.

Clave: enamórate del propósito, no de la metodología: si el medio deja de funcionar, se crea otro; si muere el propósito, se cae todo.

Un ejercicio para tu claustro. Propón tres elementos fijos (p. ej., Juanito–árbol–manzana) y pídeles escribir tres microhistorias distintas: descubrirán que con las mismas condiciones siempre hay múltiples posibilidades—eso es pensar posibilista.

3) Antídotos a la distracción crónica (prerrequisito del alto desempeño)

Tocamos el móvil 2.000–2.400 veces al día; dedicamos 3–6 horas a la pantalla; a las 2 a. m. “chequeamos” que no estamos durmiendo y confirmamos que, efectivamente, no dormimos. Ese ruido roba tiempo no renovable y te impide el foco para arriesgar y pivotear.

La metáfora del vestuario. ¿Quieres jugar “banquitas” o Champions? Tus hábitos deben estar a la altura del partido que dices querer jugar (y del ejemplo que das).

4) Protocolo básico del directivo: 4 hábitos que sostienen el liderazgo

Come bien
Reduce a lo mínimo azúcar y ultraprocesados; el eje intestino-cerebro puede ayudarte a gestionar 25–30 % de la ansiedad, depresión y estrés.

Duerme bien
Oscuridad suficiente, sin pantallas 1 h antes, móvil a >1,5 m, ni comida ni cardio en las 3 h previas; si aun así no duermes, pide ayuda (apnea del sueño y comorbilidades).

Ejercicio
150 min/semana de cardio (caminar rápido o trotar). Más es bienvenido; menos, no es negociable.

Medita/ora 10 min
Si un tipo de práctica te estresa, cambia de técnica hasta dar con la que funcione (mindfulness, respiración, oración).

Sin esta base fisiológica, liderar cambios sostenidos es inviable: se disparan somatizaciones (colon, HTA), recaídas anímicas y decisiones pobres.

5) Propósito: ¿persigues algo noble o huyes de tus miedos?

La misma conducta (trabajar 14 h, ser “prudente”, “ordenado”) puede nacer de valores o de temores; vivir desde el miedo vuelve crónico el estrés.

El triángulo del sentido (3 “patas”)

Creencias sobre vida y trabajo: si crees que “el trabajo es castigo”, trabajarás como “castigado”; las creencias se cambian actuando, no solo pensando.

Conexión a fuentes de valor (ver §6): vínculos, acciones significativas, gratitud y disfrute consciente.

Intención noble (¿a quién sirves?): en 2026 no “vale todo”; el liderazgo educativo va de servicio y de cadena de impacto que te trasciende.

6) Cuatro fuentes prácticas para llenar de sentido (y energía)

Vínculos: más relaciones positivas → más bienestar y propósito; diversifica (no pongas “todo” en una sola persona).

Acciones significativas: varias (leer, crear, deporte) para no depender de una sola.

Gratitud y celebración: nadie se hace solo; celebrar hitos entrena la percepción del bien recibido.

Disfrute de lo que ya tienes: estrena la vajilla buena, juega con tus hijos (sí, habrá salsa de tomate; luego se limpia). La alegría se practica.

Rompe la “vergüenza inspiracional”. Que se te note la alegría y la profundidad; la inspiración es tan contagiosa como el sinsentido.

7) Liderar con intención noble: la onda expansiva que no ves

Tu propósito es una piedra en el lago: las ondas llegan a lugares que nunca verás (no es solo el alumno de 7.º, son los hijos de sus hijos; no es solo la contratada, es el hermano que saldrá del barrio gracias a ella). Recordarlo te da valentía para pivotear currículum, fortalecer socioemocional y poner la tecnología a tu servicio, no al revés.

8) Plan de 30 días (listo para aplicar con tu equipo)

Semana 1 — Reset personal
Instala los 4 básicos (dieta baja en azúcar/ultraprocesados, higiene del sueño, 150 min cardio, 10 min meditación).
Silencia notificaciones y define dos ventanas diarias para mensajería/email; móvil fuera del dormitorio.

Semana 2 — Propósito y creencias
Escribe en una línea tu intención noble (¿a quién sirvo desde mi rol?).
Identifica una creencia que resta (p. ej., “todo es lucha”) y define tres acciones diarias para encarnar la nueva (p. ej., “mi trabajo es oportunidad de dar lo mejor”).

Semana 3 — Sentido y equipo
Programa 3 acciones en las 4 fuentes (vínculo, actividad significativa, gratitud/celebración, disfrute).
Reúne al equipo: convierte dos quejas frecuentes en dos micro-pilotos de mejora (2 semanas) con dueño, indicador y fecha.

Semana 4 — Antídoto a la distracción
“Cero pantallas” 1 h antes de dormir; móvil a >1,5 m; ni comida ni cardio 3 h previas.
Cierra los micro-pilotos y decide qué escalar el próximo trimestre (siempre alineado con el propósito).

9) Checklist imprimible

[ ] He instalado los 4 hábitos base (comer, dormir, mover, meditar).
[ ] He redactado mi intención noble en 1 frase y la he compartido con mi equipo.
[ ] He cambiado 1 creencia limitante con 3 acciones diarias observables.
[ ] He activado las 4 fuentes de sentido (vínculos, acciones, gratitud, disfrute).
[ ] He convertido 2 quejas en 2 micro-pilotos con dueños, indicadores y fechas.
[ ] He reducido el ruido digital (ventanas de mensajería; móvil fuera del dormitorio).

Ser directivo escolar es tomar decisiones en crisis permanentes; por eso, la salud, el propósito y la valentía para pivotear no son anexos: son el centro del liderazgo que tu comunidad necesita hoy. Empieza por cuidarte, nombra a quién sirves y convierte una queja en un experimento esta misma semana.

Autor

Efrén Martínez Ortíz

Conferencista internacional y autor referente en bienestar, liderazgo y transformación personal. Lidera programas innovadores de desarrollo humano, propósito y salud mental.

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